Agosto, una playa llena de gente, de pronto un niño se aleja de su familia en busca de un trozo de arena en el que poder levantar un castillo. A la vuelta el niño se desorienta y acaba llorando desconsolado entre una multitud de turistas curiosos.

Éste es una escena que se repite 5.000 veces al año en nuestras playas. Historias que tienen como resultado, en el mejor de los casos, que los padres nos llevemos el susto de nuestra vida.

La pulsera Barcelove no evitará que tu hijo se pierda, pero puede reducir notablemente el tiempo de histeria, perdón, de espera.

Pónsela cuando vayáis a la playa, y al parque de atracciones, y al centro comercial, y a entregar la carta a los reyes magos… Pónsela en el aeropuerto, en la estación de tren, en el extranjero, en las fiestas de tu pueblo, en Disneyland París… Pónsela siempre, para no tener que lamentarlo nunca.

Y si nos aceptas un último consejo, ten siempre una en el coche (el cambio de marchas parece diseñado para albergar un par de ellas).

Nada más. Solo deseamos que cuando la tengas, nunca nadie tenga que usarla.